Durante un mes, los musulmanes están llamados a ayunar durante el día y celebrar con ello la fiesta más importante de su religión. La festividad está cada vez más presente en la vida pública en España.
Hasta hace no muchos años, el comienzo del Ramadán apenas tenía impacto en España. El ayuno diurno que los musulmanes realizan durante su noveno mes lunar era un acto estrictamente privado, que pasaba desapercibido para la mayoría de la población. Sin embargo, la inmigración y la expansión del islamismo han hecho que el mes sagrado para los musulmanes —que este año comenzó ayer— empiece a ser visible en la vida pública. Especialmente en algunos puntos de la geografía española.
Entre un millón y un millón y medio de musulmanes (dependiendo de la fuente) viven en España. “Las principales comunidades se distribuyen por todo el litoral mediterráneo, desde Cataluña a Andalucía”, explica Isabel Romero, portavoz de la Junta Islámica. Además, existen grandes concentraciones en las áreas metropolitanas de Madrid y Barcelona y, por supuesto, en Ceuta y Melilla. En todos estos sitios, el Ramadán no sólo se vive entre los musulmanes.
Las dificultades de la capital
Aproximadamente, uno de cada cuatro musulmanes que vive en España lo hacen en Madrid y su zona metropolitana. Aquí, el Centro Cultural Islámico —más conocido como la mezquita de la M-30— es el corazón de la comunidad. “La actividad diaria se ve muy alterada durante el Ramadán y lo ideal sería adaptar las horas de comercio y trabajo, algo que se hace en algunas zonas de Madrid, pero que es difícil en una ciudad como ésta”, asegura Mohammed El Afifi, portavoz del centro. Uno de los barrios a los que se refiere es Lavapiés, que se ha convertido en centro de la inmigración en Madrid.
Saira no vive en Lavapiés pero pasa allí buena parte de su tiempo libre. Es una de las miles de personas que estos días acudirá a la mezquita de la M-30 a romper el ayuno y después lo celebrará con sus compañeros. “Son días duros porque tengo el mismo horario de trabajo (en una tienda) y se duerme muy poco para aprovechar la noche. Es como si después de las oraciones de la noche el día volviera a empezar. Pero el ayuno es bueno para nuestro cuerpo y mente y es un acto necesario”, asegura.
En igualdad de condiciones
En una ciudad en la que casi el 50% de su población (30.000 personas de unas 71.000) es musulmana, la celebración del Ramadán no puede ser un acto privado. Eso es lo que ocurre en Melilla, donde a partir de las nueve, el día comienza de nuevo. “Estos días se rompe la monotonía y se potencia la convivencia nocturna. En la calle se nota porque los bares y cafeterías abren hasta la madrugada y no sólo acudimos los musulmanes sino que toda la ciudad alarga la noche”, cuenta Abdelhafid Amar Abdela, secretario de la Comunidad Islámica de Melilla.
En la ciudad autónoma las rutinas del Ramadán están mucho más normalizadas. Las asociaciones organizan actividades infantiles, representaciones teatrales y actos religiosos Abdelhafid explica que muchas empresas permiten a sus empleados tener una jornada de una hora menos durante estos días para que el día no sea muy duro. “La mayor parte de los comercios y negocios hosteleros están en manos de la comunidad musulmana que abre menos horas al día y cierra más tarde y eso cambia el horario de toda la ciudad”.
En el plano institucional, el alcance también es mucho mayor. Al final del Ramadán, el municipio cede un espacio para llevar a cabo una celebración a la que también acuden representantes de las instituciones “porque es como llegar a la meta después de todo el ayuno y eso hay que festejarlo”, comenta Abdelhafid. “En Melilla todo el mundo vive el Ramadán, incluso nuestros hermanos de otras religiones que saben que estamos ayudando e intentan no fumar y comer delante de ti por respeto”.